La soledad del héroe |
|
14-07-2008 15:25
Por: LucHamill
|
|
 |
|
La soledad del héroe sólo por los héroes es conocida. Un héroe no es más que el fugitivo de un sistema. Puesto que ese sistema pervive porque nadie se le une en la lucha, ser un héroe conlleva estar solo.
Casi todo el mundo huye de la soledad, y tarde o temprano busca la compañía de alguien. En concreto, se busca amor. Pero, como el hombre es un animal asocial por naturaleza que se vuelve social por conveniencia, eso no es más que la respuesta a un sentimiento de vacío, de inseguridad. Es la búsqueda de una protección. El héroe no está en la mayoría, ni tiene esa visión. Es similar al Ángel de la Muerte, que siempre está solo y, al igual que éste cumple su cometido de segar vidas con la mayor frialdad del universo, él también ha superado ciertos impulsos y sólo se inquieta por cosas que el resto pasa por alto. No puede asumir ningún compromiso más allá de su causa. El héroe no buscará la compañía de nadie ya que es la compañía invisible de todos. Él es la protección del resto, y de sí mismo.
A pesar de estar en soledad, la comunicación entre su ser y lo que le rodea tiene muchas formas. Su subconsciente y su conciencia le hablan. Los sueños, las sensaciones, las impresiones... aunque su inquietud está por encima de esas cosas, no las descuida. El héroe escucha esas comunicaciones. Escucha lo que tienen que decirle.
Os preguntaréis cuál es la verdad de un héroe. De un hombre se sabe lo que cuenta él y lo que los demás cuentan de él. ¿Pero acaso alguna vez se dice lo que realmente es? Y de ser así, ¿en qué momento? La verdad evoluciona, y si esto es difícil de entender es porque la verdad es difícil de entender. En parte todas las palabras son falsas y en parte verdaderas.
En cualquier caso, un héroe suele verse incomprendido. Si el Ángel de la Muerte es temido por el resto de los ángeles, el héroe puede que incluso despierte el miedo en sus semejantes, que le consideran loco. Pero el que ignoremos el objetivo de un hombre no le convierte en loco. Un héroe se ve a sí mismo tal cual, sin importarle cómo otros le vean. Aunque posee un poder u habilidad especial que el resto no tiene, no es más que una persona que marca una diferencia en la sociedad en la que vive. Su individualismo triunfa, sí, pero no por ello él es conocido o son notorios sus actos. Un árbol que cae en el bosque, si no hay nadie, no se oye su caída. Pero aun así cae.
Cuál es la verdad de un héroe, eso es lo que estamos buscando. Se ha dicho que un héroe puede ver en lo invisible, y hacerse invisible en lo visible. Se ha dicho que un héroe puede leer los silencios. ¿Pero acaso tiene esas habilidades para él o para otros? Las tiene para él, las usa para otros. Como aquel que siembra como mínimo lo mismo que ha recogido, así devuelve a los demás lo que ha tomado para sí. Perderá, pero en cada pérdida obtendrá una ganancia. No puede ser de otro modo, ya que el verdadero camino parece tener una pared entre cada uno de nosotros y los demás. Es una pared que nos permite vernos, pero nada más. En las conversaciones es más lo que no se dice que lo que se dice. Ante eso el héroe sólo tiene una idea: para el bien reparte bien, para el mal reparte justicia. No espera nada, pero está preparado para cualquier cosa. Afina sus sentidos, su ser interior está alerta. Incluso podrá predecir qué va a pasar si su poder está en sintonía.
La verdad de un héroe nace desde el momento en que decide sacrificarse por los demás, sabiendo que cada momento es el peldaño de una escalera, que cada paso se hace sobre lo que ha sido antes. No es libre porque vaya a donde quiere (como comúnmente se piensa cuando se habla de libertad) sino porque no tiene ataduras a nada. Sus falsas creencias han muerto, y él ha caído en un silencio. Algo en él ha muerto, y se llama ignorancia.
Soñamos que las cosas ocurran de forma mágica, pero sin esfuerzo un hombre no conseguirá nada. El héroe siempre hace lo más difícil abordándolo por lo más fácil, y lo grande en lo pequeño. Empieza su cometido por sí mismo, se asciende a sí mismo buscando una concentración que le dé el poder para lo que le espera: la oscuridad, el viento, las injusticias, la superstición, el deshonor, la debilidad en la fatiga, el instinto depredador de los seres, los déspotas, los tiranos, el odio que se revuelve en el corazón de los hombres y, por supuesto, la soledad.
En esta particular cruzada, el anonimato será su escudo contra un mundo de lanzas. Para él no son necesarias las máscaras. Todos tenemos una, lo reconozcamos o no. En ocasiones más de una, por eso una persona sincera rara vez es comprendida. Con una máscara sólo se aparenta, pero tarde o temprano se fracasa en lo que se quiere ser. El héroe primero ha decidido ser, y entonces empieza a ser. Y no es meramente una máscara que intenta engañarle a él y a los demás: una capucha y cualquier cosa que por momentos le cubra el rostro le valen. Llevar más sería descubrirse, y eso no puede hacerlo. Si supierais la de gente que con sólo ver un enmascarado ya tiembla, entenderíais esto. No es algo malo. No es posible dejar de temer lo que los hombres temen. La cobardía y el heroísmo van de la mano, y cada hombre tiene la posibilidad de alcanzar uno a partir del otro.
Pero si el anonimato es su escudo, sus armas son unas cualidades surgidas de ese poder que bien pudiera conocer él y no el resto, o bien que sólo él sabe cómo enfocar. Aprenderá a usarlas y desarrollarlas, pero no tratará de buscar la confrontación directa. Eso es lo último que debe hacer. Dicen los sabios que, puesto que nadie está seguro de sus propias intenciones, el héroe no desenvaina sino en última instancia. Él aprende a vencer sin combatir, a responder sin hablar, y a actuar sin agitarse. Aprende modos de actuar que preserven el orden en vez de destruirlo. Busca eludir antes que dominar, y dominar antes que dañar. Esto es porque el héroe sabe que todo en la vida es preciado y que nada en ella puede ser reemplazado.
No obstante, pudiera llegar el momento en que la confrontación no puede ser evitada. Es entonces cuando el héroe sabe hasta qué medida lucha por lo que lucha. Cuando su alma se convierte en guerrero, sus miedos se desvanecen porque no puede perder. Cualquiera que sea el rival, está tranquilo porque el resultado está a su favor. No será derrotado. En él, el miedo no encuentra lugar para atraparle, el dolor no tiene lugar para herirle y el adversario no tiene lugar para atacarle. El héroe se ha convertido en un hombre que sabe cómo ganar y por ello no tiene sitios para que el fracaso le encuentre. Por encima de todo, el héroe no mira a los ojos de su adversario: su corazón se dejaría aspirar por esos ojos.
Finalmente, en su viaje acaba encontrando a un enemigo inmortal. El héroe, desde el momento en que lo es, ya sea porque se lo han dictado sus ideas, porque creía que lo debía hacer o porque creía que se le dio un don para usarlo, desde ese mismo momento, ya adquiere un enemigo inmortal que mayormente está escondido. Jamás podrá apartarlo de su lado. Las limitaciones las buscamos fuera, pero las tenemos dentro. La naturaleza humana está dividida en dos. No podemos sentirnos buenos si no podemos sentirnos malos. El mal forma parte de nuestra humanidad. El mayor enemigo de un héroe reside en sí mismo. Cuando debe encararlo es el momento en que sabe cuánto poder lleva consigo porque, como se suele decir, quien vence a los otros es fuerte, pero quien se vence a sí mismo es poderoso.
¿Y a qué me refiero cada vez que os he mencionado poder? Ojalá pudiera expresarlo con palabras. Realmente, el poder que puede definirse no es el verdadero poder. La expresión que se le puede dar no es su verdadera expresión. En su profundidad es donde se busca y se encuentra. Todo cuanto existe tuvo un origen. No sé quién originó ese poder, pero debe ser más antiguo que los dioses.
|
 |
| |
|
|
|
|
 |
|