El guerrero bretoniano IV |
|
31-07-2008 16:52
Por: goku92
|
|
 |
|
Más aventuras del guerrero. Llegan un poco tarde porque me fui de vacaciones...
Altur lloró la caída y muerte de su amigo (pues no podía haber sobrevivido), pero pronto se puso en marcha. Los orcos podrían buscarle, aunque lo más seguro era que le hubieran olvidado y no se preocuparon por él. Al fin y al cabo, era sólo un humano.
Después de haberse ocupado de Guy, el barullo continuaba en el campamento, por eso Altur pudo escapar. Los orcos tuvieron bastantes bajas, y los jabalíes habían escapado. La tribu era ahora poco más que un grupo de orcos.
Al día siguiente Altur continuó su camino hacia el bosque de Reikwald, pero al llegar el amanecer oyó caballos acercándose. No le dio tiempo a esconderse y tres jinetes le cortaron el paso. Habló el primero:
-¿Quién sois y qué hacéis aquí?
-Mi nombre es Altur, mis asuntos son cosa mía.
-Mala respuesta -dijo el segundo-. Nada bueno te debe traer aquí si son asuntos que no debemos saber.
-Ha dicho que se llama Altur -dijo el primero nuevamente-. No conozco ningún fugitivo con ese nombre, ¿sois extranjero?
-Desterrado de Bretonia he sido, por hechos que no vienen al caso. Y vosotros ¿quiénes sois?
-Somos los exploradores de un grupo que viene allá atrás. Tenemos el cometido de arrestar a peligrosos fugitivos, entre ellos, el más peligroso, un tal Guizhard.
-¡Guizhard! ¿Qué mal os causó ese hombre? En el tiempo en que estuve con él, jamás pensé que era un fugitivo -dijo esto para que no sospechasen que le ayudaba.
-¡Conoces Guizhard! Lo sabía, eres un fugitivo y un asesino, igual que él -dijo de nuevo el segundo-. Tenemos que apresarle.
-No creo que supiera nada sobre que Guizhard era un asesino. Y, ¿dónde está?
-Por él no debéis preocuparos: murió luchando contra los orcos.
-Buena noticia, sin duda. Se merecía esa muerte.
Entonces el tercer jinete habló por primera vez, y estas palabras hundieron a Altur; eran como estacas venenosas que se le clavaban en la piel:
-¿Por qué, Altur, si ése es tu nombre, no nos puedes decir tus asuntos? ¿Por qué íbamos a creer que eres de Bretonia y no un fugitivo que ha cambiado el nombre? Hasta has ido con Guizhard. Yo creo que eres un asesino, igual que él.
-Tienes razón amigo mío -cedió el primero- ¡Arrestadle!
A Altur no le dio tiempo de defenderse con las palabras ni a escapar. Forcejeó con los tres hombres, pero un puñetazo en la cara bastó para dejarle inconsciente.
Altur despertó con un terrible dolor de cabeza, miró alrededor y vio que estaba encerrado en una jaula, pero se movía: iba encerrado en una jaula con ruedas, y tirada por tres enormes caballos, que caminaban penosamente por el camino lleno de pequeñas piedras y surcos. Lo último que recordaba era que forcejeaba con tres hombres y un golpe en la cabeza. Eso era, sin duda, lo que había provocado que se desmayara. Altur se dio cuenta de la estupidez que había cometido al nombrar a Guizhard. Por eso, esencialmente, estaba en esa pequeña y oxidada jaula.
Al rato de “cabalgar” a bordo de la jaula, un hombre se le acercó. Iba montado a caballo. Altur le reconoció: era el primer jinete de antes. Detrás de él había, al menos, treinta caballeros más, todos armados con largas lanzas y con brillantes escudos. Algunos de ellos llevaban yelmos, en cuya cimera llevaban plumas, cornamentas y uno de ellos una figura que se asemejaba a la cabeza de un lobo. Los yelmos también disponían de viseras que cubrían la cara de los jinetes.
El jinete habló a Altur:
-Dime, Altur, ¿ahora tienes ganas de hablar? -dijo con una voz arrogante y áspera.
-No puedo decirte mis asuntos, pero sí te digo que te equivocas de hombre, y que estás cometiendo un error.
-Sea error o no, el hombre que está atrapado eres tú, a no ser que hables.
Altur no tenía intención de responder. El jinete iba a volver a hablar cuando un cuerno sonó a lo lejos, en lo profundo del bosque de Reikwald, adonde habían llegado, tan lejos, mientras Altur estaba inconsciente. El sonido del cuerno era horrendo, lleno de maldad y ganas de saquear, también grave como el rugido de diez cañones en el campo de batalla. Era un cuerno bandido.
Un grupo de cincuenta y más efectivos salió del bosque corriendo y gritando injurias. Los caballeros se prepararon para recibir la carga, parecían preocupados, eran mucho menores en número.
-Dejadme salir de aquí, prometo ayudaros con esos bandidos.
-¡No le dejéis salir! -gritó el jinete.
Pero un caballero se apiadó de él y abrió la jaula. Altur saltó rápidamente fuera y cogió su espada, que se encontraba en una bolsa que llevaba un caballo de los que tiraban de la jaula. También cogió una pequeña ballesta, se la colocó en el cinto, y metió las flechas en un carcaj.
El implacable grupo de fugitivos avanzaba, con sus poco trabajadas armas, que apenas eran un trozo de hierro, y sin armadura. Alguno llevaba un escudo redondo, con un emblema horroroso y obsceno. Mientras corrían gritaban como locos: estaban decididos a no dejar supervivientes.
|
 |
| |
|
|
|
|
 |
|